viernes, 11 de septiembre de 2015

RELATOS GANADORES DEL III CERTAMEN DE MICRORRELATOS "SUCEDIÓ EN LA FERIA"

PRIMER PREMIO

TÍTULO: SIN TRATAMIENTO

AUTOR: ELÍAS ROVIRA GIL (ALBACETE)

Con sosegada voz y ese marchamo de seguridad que siempre otorga el llevar una bata blanca, su médica comenzó a explicarle. Mire Joaquín, seguramente habrá oído que una gripe se cura con tratamiento en siete días y sin tratamiento, en una semana. Bien, en la analítica que le hemos realizado nos aparecen unas cifras elevadas de jamón bueno y muy bajas del malo. El nivel de gambas ofrece unos valores portentosos, siendo las cifras de vino dulce y mojitos razonablemente saludables. Su imagen pulmonar es de un característico rosa algodonoso, la auscultación pareciera una tómbola y la radiografía trasmite que su estómago ha ido tomando una extraña forma de navaja. Por último, en el cultivo de orina, nos han crecido rocas de chocolate y miguelitos. 

Créame, lo suyo no es una enfermedad, es una pasión, y se cura tras algo más de diez días con tratamiento o doscientos cuarenta y cinco horas sin tratamiento.


SEGUNDO PREMIO

TÍTULO: EL CIGARRO

AUTOR: JOSÉ Mª RODRÍGUEZ MATARREDONA (ARANJUEZ, MADRID)

He fumado un único cigarro en toda mi vida. No me gustó su sabor la verdad. Creo que a nadie le gusta el sabor del primer cigarro, pero muchos siguen insistiendo con una fuerza de voluntad que yo no tuve. Sucedió en la Feria. Yo tenía 17 años y estaba con mis amigos. Uno de ellos sacó un paquete de Fortuna como quien saca un tesoro. 

La mañana siguiente al día en el que fumé el único cigarro de mi vida mi madre me despertó temprano golpeándome con el periódico en la cara. Publicaban una crónica de la Feria y aparecía yo claramente en plena calada de mi único cigarro, con un estilo que a mí mismo me sorprendió, impropio del novato que era entonces y que sigo siendo hoy.

Mi madre me preguntó que si era tonto y si sabía lo malo que era el tabaco. Le dije que no me gustó y que ni siquiera pude terminar ese cigarro. Ella me explicó dónde acababa la espiral de vicio en la que había entrado y me prohibió ir a la feria más durante ese año.

Cada año, el mismo periódico saca la misma foto de archivo cuando da cualquier noticia de la Feria, y aunque me han levantado el castigo, mi madre me sigue mirando mal, cacheando a la ida y oliéndome a la vuelta cada vez que le digo que me voy a la Feria, a mis 39 años.